Desde que Abril, nuestra pequeña Whippet, llegó a casa, cada día ha sido una aventura y, sinceramente, una evolución constante.
Hoy, día 2, al cumplir siete meses , echamos la vista atrás y vemos cuánto ha cambiado, siempre para mejor, nuestra adorable Whippetilla.
Al principio, recordamos a una Abril que era un auténtico torbellino. No había momento de calma; solo quería jugar y se movía más que un nervio. Los primeros días, el suelo de casa era su lienzo particular, dejando algún que otro pís y algún que otro «regalito» cremoso donde le parecía.
Era una etapa de adaptación para todos, donde la paciencia se ponía a prueba a cada instante.



A pesar del caos inicial, se hizo querer desde el primer momento. En ella aparecían grandes pinceladas de afecto, siempre mimosa y con esa mirada de criatura inocente que no conoce la maldad.
Su capacidad para derretirnos con un simple lametón o un apoyo de cabeza era y sigue siendo inmensa. Esas pequeñas demostraciones de cariño eran el bálsamo perfecto para cualquier desorden.
La formación de la manada: un lazo inquebrantable
Poco a poco, Abril ha ido haciendo su manada, que somos nosotros. Es fascinante observar cómo ahora todo cambia.
Tiene una capacidad mucho más desarrollada para entender que una manada debe estar unida y que, cuando falta uno de sus miembros, se busca donde sea. Esta evolución en su comportamiento social nos llena de orgullo y demuestra su increíble inteligencia canina.



La verdad es que nuestra «Whippetilla» se lo ha ganado a pulso. Se hace querer, aunque con sus siete meses, no creáis, hay momentos de muuuucha locura en ella. Todavía tiene que asentar esa cabecita de chorlito que a veces la lleva, o nos lleva a nosotros, al borde del ataque de nervios.
Es parte de su encanto y de la energía inherente a la raza Whippet. Sigue siendo una cachorra en muchos aspectos.
Costumbres y rutinas de una Whippet en crecimiento
Sus costumbres ya empiezan a estar muy marcadas, escritas en ese cuaderno interior que todos tenemos en nuestra mente. Conoce los horarios, las rutinas y sus lugares preferidos de la casa.
El sofá se ha convertido en su trono particular, y la alfombra, en su pista de despegue para esas carreras locas que le dan de vez en cuando. La adaptación al hogar ha sido notable.
Respeta mucho las cosas de la casa, aunque a veces, la velocidad o el vuelo de sus propios muñecos causen algún que otro estropicio menor. Son gajes del oficio cuando se tiene una Whippet con tanto espíritu lúdico. La educación canina es un proceso constante.



Le gusta mucho el sol, y no hay nada mejor que verla estirada, disfrutando de los rayos. Lo más sorprendente es que ha aprendido a pedir agua cuando tiene sed en la calle. Unos pequeños saltos con empujón son su señal.
Es un pequeño detalle que demuestra su capacidad de comunicación.
Una Whippet ejemplar
En definitiva, y ya para terminar, Abril es una niña Whippet en fase de crecimiento que, de momento, ha aprobado todas sus asignaturas de buena niña.
Cada día es un nuevo aprendizaje, una nueva anécdota y una confirmación de que su llegada ha enriquecido enormemente nuestras vidas.


Es un ejemplo de perro familiar que se ha integrado perfectamente, en sus casi cinco meses, en casa, con nosotros.



He conocido a Abril y es un cachorro precioso y con muchas ganas de jugar
Yo tengo también una cachorrita de 6 meses que se llama Lizzie 🐾🐾
Hola, Cristina… Gracias por tu comentario. Seguro que Lizzie es muy guapa y haría buena amistad con nuestra Abril. Un abrazo.
Hola Cristina, ha sido un placer conocer a la pequeña y bonita Lizzie. Esperamos Abril y yo volver a encontrarnos
Un saludo Irene y Abril, y gracias por tu comentario.