Así es, parece que asistimos al teatro para ver una obra de terror o quizás una comedia.
Me decanto más por la última opción, porque cuando se levanta el telón de la limpieza, en casa, aparece la actriz principal con un papel poco definido.
La rutina de limpieza tiene connotaciones de teatrillo. No es que le tenga fobia a la limpieza en sí, es que el pequeño aspirador , ese objeto aparentemente inofensivo, desata en ella un torbellino de emociones. Es un espectáculo digno de ver, un drama tragicómico en toda regla.


Al principio, el sonido del aspirador es suficiente para que Abril se transforme en un manojo de nervios. Es la imagen de la fragilidad canina, un ser pequeño enfrentando a una amenaza, o eso parece. Pero aquí es donde la obra da un giro inesperado.
Una vez superado el susto inicial, la timidez de Abril se convierte en una peculiar mezcla de cautela y diversión. Empieza a rodear el aspirador, como si lo estudiara detenidamente, analizando su comportamiento. A veces, intenta morderlo suavemente, como un juego. Otras, lo persigue como si fuera una presa. Es una danza extraña, un duelo de miedo y curiosidad, una escena de lo más cómica.
Si miráis el video sobran las palabras…
Ver a Abril en este estado es un recordatorio de lo fascinantes que son los animales.
Su reacción al aspirador no es lineal, no es simple miedo, es una sinfonía de emociones que van de la tensión a la alegría, un auténtico abanico de situaciones.
La limpieza en casa nunca es aburrida. Es un recordatorio de que incluso las tareas más naturales pueden transformarse en momentos hilarantes cuando se comparten con un Whippetillo.


